¿POR QUÉ MUCHOS CIUDADANOS YA NO CREEN?
Guarne, el Oriente Antioqueño y la urgente necesidad de reconstruir la
confianza, el liderazgo y la esperanza colectiva
EL TERRITORIO
HABLA
Crisis de confianza, agotamiento del modelo
político tradicional y necesidad de una nueva generación de liderazgo para
Guarne y el Oriente Antioqueño
Artículo de opinión desde la Psicología
Comunitaria, la Psicología Política, la Salud Mental Comunitaria, la
Logoterapia Social y el Desarrollo Territorial
Efraín Gallego Castro
Resumen
El municipio de Guarne y el Oriente
Antioqueño atraviesan una etapa de profundas transformaciones territoriales,
económicas, demográficas y culturales. El crecimiento urbano, la expansión
empresarial, la presión sobre los recursos naturales y el aumento de la
complejidad institucional representan oportunidades significativas para el
desarrollo regional. Sin embargo, junto a estos avances emerge una realidad que
preocupa a numerosos ciudadanos: el deterioro progresivo de la confianza en los
modelos tradicionales de liderazgo, el agotamiento de la manera convencional de
hacer política y el incremento de sentimientos de escepticismo frente a las
instituciones públicas.
Este artículo de opinión propone una
reflexión crítica y humanizada sobre la necesidad de construir una nueva
generación de liderazgos para Guarne y el Oriente Antioqueño. Desde los aportes
de la Psicología Comunitaria, la Psicología Política, la Salud Mental
Comunitaria, la Logoterapia Social y la planificación territorial, se plantea
que el principal desafío de las próximas décadas no consiste únicamente en
elegir nuevos gobernantes, sino en reconstruir la confianza social, fortalecer
la participación ciudadana y recuperar el sentido colectivo del desarrollo. Se
argumenta que las comunidades no están reclamando simplemente nuevos
candidatos; están demandando nuevas formas de liderazgo, más cercanas a la
gente, más éticas, más transparentes y profundamente comprometidas con la
dignidad humana y el bien común.
Palabras clave: participación
ciudadana, liderazgo público, psicología comunitaria, salud mental comunitaria,
desarrollo territorial.
Introducción: cuando la comunidad comienza a
perder la confianza
Toda sociedad experimenta momentos donde se
hace necesario detenerse y escuchar lo que está ocurriendo en el corazón de sus
comunidades. Existen épocas donde las discusiones giran alrededor de
elecciones, candidaturas y movimientos políticos. Sin embargo, existen también
momentos en los que el problema deja de ser exclusivamente político y se
convierte en una cuestión profundamente humana.
Mi percepción, como ciudadano y como
profesional de las ciencias sociales, es que Guarne y buena parte del Oriente
Antioqueño están llegando precisamente a ese punto.
Durante las últimas décadas el municipio ha
experimentado cambios significativos. El crecimiento poblacional, la expansión
urbana, el fortalecimiento empresarial y la cercanía con importantes corredores
regionales han convertido a Guarne en uno de los territorios con mayor
transformación del Oriente Antioqueño. El diagnóstico estratégico municipal
reconoce esta realidad y advierte sobre los desafíos asociados a la movilidad,
la infraestructura, la sostenibilidad ambiental y la capacidad institucional para
responder al crecimiento.
Sin embargo, más allá de los datos técnicos,
existe una realidad que se percibe en los barrios, las veredas, las
organizaciones comunitarias y las conversaciones cotidianas: muchas personas
comienzan a sentirse cansadas.
Cansadas de escuchar promesas repetidas.
Cansadas de observar problemas que se
prolongan durante años.
Cansadas de sentir que las discusiones
públicas giran más alrededor de intereses políticos que de las necesidades
reales de la gente.
Y, quizás lo más preocupante, cansadas de
creer.
Guarne crece, pero la gran pregunta es si
está desarrollándose
Es innegable que Guarne ha avanzado en
múltiples aspectos. Las oportunidades económicas son mayores que hace algunas
décadas, la conectividad regional ha mejorado y existe una dinámica empresarial
que convierte al municipio en un territorio atractivo para la inversión. El
propio diagnóstico estratégico resalta fortalezas como la ubicación geográfica,
la conectividad vial, el potencial logístico y la capacidad para atraer nuevas
actividades productivas.
Sin embargo, el desarrollo no puede medirse
únicamente por el número de empresas, las nuevas construcciones o el
crecimiento de los indicadores económicos.
El verdadero desarrollo se mide por la
calidad de vida de las personas.
Se mide por la tranquilidad de las familias.
Se mide por la confianza en las
instituciones.
Se mide por la salud mental de las
comunidades.
Se mide por la capacidad de los ciudadanos
para participar activamente en la construcción de su territorio.
Por esta razón, resulta legítimo preguntarse
si el crecimiento físico del municipio ha venido acompañado del fortalecimiento
equivalente de la cohesión social, del sentido de pertenencia comunitaria y de
la confianza ciudadana.
En muchos sectores, la respuesta parece ser
preocupante.
El agotamiento del modelo político
tradicional
Una de las frases que con mayor frecuencia
se escucha actualmente en distintas comunidades es:
“No más de lo mismo.”
Esta expresión no necesariamente está
dirigida contra una persona específica ni contra una administración en
particular.
Representa algo mucho más profundo: refleja
el agotamiento de una manera tradicional de entender y ejercer el poder.
Las comunidades observan cómo las campañas
aparecen cada cierto tiempo prometiendo transformaciones profundas. Sin
embargo, numerosos problemas continúan presentes:
- Dificultades de movilidad.
- Crecimiento urbano desordenado.
- Presión sobre el suelo rural.
- Problemas de convivencia.
- Déficits en participación ciudadana.
- Percepción de distancia entre instituciones y
ciudadanía.
Muchas personas comienzan a sentir que las
discusiones políticas terminan girando alrededor de nombres, grupos o
aspiraciones individuales, mientras los intereses colectivos pasan a un segundo
plano.
Este fenómeno ha sido estudiado ampliamente
por la Psicología Política. Cuando los ciudadanos perciben que las decisiones
públicas no responden realmente a sus necesidades o consideran que su
participación tiene poco impacto, disminuye la confianza institucional y
aumenta la apatía social.
La consecuencia es clara: la gente deja de
creer.
Y cuando la gente deja de creer, también
deja de participar.
La crisis de confianza y la salud mental
comunitaria
Uno de los errores más comunes consiste en
pensar que la pérdida de confianza es únicamente un problema político.
En realidad, también es un problema de salud
mental comunitaria.
Las comunidades necesitan esperanza para
movilizarse.
Necesitan confianza para participar.
Necesitan sentir que vale la pena
involucrarse en los asuntos públicos.
Cuando estos elementos se debilitan,
aparecen fenómenos como:
- Desesperanza colectiva.
- Desinterés ciudadano.
- Aislamiento social.
- Pérdida de sentido de pertenencia.
- Incremento de la frustración comunitaria.
La Organización Mundial de la Salud ha
señalado que la salud mental está estrechamente relacionada con factores
sociales como la participación, la cohesión comunitaria y la percepción de
apoyo colectivo. Del mismo modo, el diagnóstico territorial reconoce que la
salud mental constituye uno de los desafíos crecientes para el municipio.
Desde la Logoterapia, Viktor Frankl planteó
que el ser humano necesita encontrar sentido para afrontar las dificultades de
la vida. Algo similar ocurre con las comunidades.
Los territorios también necesitan sentido.
Necesitan una visión compartida.
Necesitan razones para seguir creyendo que
el futuro puede construirse colectivamente.
El territorio está pidiendo una nueva forma
de liderazgo
Si existe una conclusión que emerge de las
conversaciones comunitarias, es que las personas no están pidiendo únicamente
nuevos candidatos.
Están pidiendo nuevos comportamientos.
Están pidiendo nuevos principios.
Están pidiendo una nueva manera de entender
el liderazgo.
La ciudadanía parece estar demandando
líderes que:
- Escuchen antes de hablar.
- Dialoguen antes de imponer.
- Sirvan antes de figurar.
- Construyan antes de dividir.
- Actúen con coherencia.
- Administren con transparencia.
No se trata solamente de capacidades
técnicas.
También se trata de valores.
La ética pública vuelve a convertirse en una
exigencia ciudadana.
La honestidad vuelve a ser una expectativa
central.
La coherencia entre discurso y
comportamiento vuelve a ocupar un lugar fundamental.
Las personas desean líderes cuya vida
inspire confianza antes de ejercer autoridad.
La necesidad de recuperar valores y sentido
colectivo
Hablar de valores hoy no es un asunto menor.
Por el contrario, constituye una necesidad
urgente.
Durante mucho tiempo la discusión pública se
concentró en programas, proyectos e indicadores. Sin embargo, cada vez es más
evidente que los territorios también necesitan referentes éticos.
Las comunidades del Oriente Antioqueño han
construido buena parte de su identidad alrededor de valores como:
- La honestidad.
- El trabajo.
- La solidaridad.
- El respeto.
- El servicio.
- La fe.
- El compromiso con la familia.
La tradición cristiana y los valores de
inspiración católica han sido históricamente una fuente importante para la
construcción de estas referencias culturales. Sin embargo, cualquier proyecto
de liderazgo moderno debe entender que estos principios solamente tienen
sentido cuando se viven desde el respeto pleno a la diversidad humana y a la
libertad de conciencia.
No se trata de imponer creencias.
Se trata de defender principios universales
de dignidad, respeto, honestidad y servicio que permitan fortalecer el tejido
social.
Los grandes cambios estructurales que exige
el futuro
Si Guarne quiere avanzar hacia una visión de
desarrollo para 2050, las futuras administraciones deberán trabajar en
transformaciones profundas relacionadas con:
1. La protección del suelo rural
El desarrollo no puede construirse
sacrificando la vocación agropecuaria ni la identidad campesina del municipio.
2. La seguridad hídrica
La protección de las fuentes de agua será
uno de los principales retos para las próximas generaciones.
3. La salud mental comunitaria
La salud mental debe convertirse en una
prioridad estratégica y no únicamente en un componente del sistema de salud.
4. La participación ciudadana
Las comunidades deben ser escuchadas de
manera permanente y no solamente durante los períodos electorales.
5. El fortalecimiento institucional
La capacidad administrativa debe crecer al
mismo ritmo que el territorio. El diagnóstico municipal advierte explícitamente
esta necesidad.
6. La formación de nuevos liderazgos
El futuro exige líderes preparados técnica,
humana y éticamente para responder a las complejidades de un territorio en
transformación.
Conclusión:
el territorio está esperando algo más que
nuevos nombres
La reflexión que propongo no busca señalar
personas ni promover intereses particulares.
Busca invitar a una conversación más
profunda.
Hoy Guarne y el Oriente Antioqueño parecen
estar enviando un mensaje claro.
Las comunidades no están reclamando
únicamente nuevos candidatos.
Están reclamando una nueva forma de hacer
política.
Una nueva forma de escuchar.
Una nueva forma de gobernar.
Una nueva forma de servir.
El territorio está cansado de las promesas
que no transforman.
Está cansado de la polarización permanente.
Está cansado de la distancia entre las
instituciones y la gente.
Pero, a pesar del cansancio, todavía existe
esperanza.
La esperanza de construir una generación de
líderes capaces de recuperar la confianza.
La esperanza de construir comunidades más
participativas y solidarias.
La esperanza de que el desarrollo vuelva a
colocarse al servicio de las personas.
Porque la verdadera transformación de Guarne
no comenzará cuando aparezca un nuevo nombre en una campaña.
Comenzará cuando las comunidades vuelvan a creer que el futuro puede construirse colectivamente.
Referencias
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